Blessed Virgin Mary, Mother of God

January 1, 2010
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Mary, Mother of God. She is not just anybody; she is the “chosen one,” God’s choice for the pivotal role of “Mother of the Savior.”

He, the eternal Son of God and perfect expression of the mind and heart of God, needed a body, needed humanity, so as to communicate universally with humankind.

God chose Mary to be his mother.

• She was the first to carry him, to kiss him, to nurture him, to enfold him with human love.
• She was the first to know him, to marvel at his growth, to suffer with him when he was disappointed by his friends.
• She was the first to teach him his prayers, to show him his place in the community, in the synagogue.

God chose Mary so that Jesus could be born and live and love and teach, forgive and console, liberate and heal. He needed a body: human eyes and voice; human face and smile; human hands and arms and back to work with, to carry burdens, to lift up a child. God chose Mary.

God has chosen you and me, too.

• To discover in our children and to reveal to them the divine life God shares with them in Christ.
• To help them know God’s love through our love, God’s hope through ours, God’s faith in them through ours.
• To protect them as far as possible from danger and show them the path of life.

They, the children entrusted to our care as Jesus was to Mary, are unique and unrepeatable. The time we spend with them is unique and unrepeatable, too.

Might we have regrets over our mistakes? Probably so. But healing forgiveness is available. The power of God’s love—the power that raised Jesus from death—can lift up both us and the children we don’t seem to know how to raise.

Mary’s Son is God-with-us, the consolation of God, the wisdom and strength of God, the smile and the Word of God.

With Mary, we must keep him in our hearts, remain with him as long as we have human breath, until the breath in us is God’s Spirit, God’s Life, God’s holy and selfless Love.

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

1 enero, 2010


En San Carlos de Coldwater, MI, así como en San José de Kalamazoo

Santa María, Madre de Dios. Ella no es una mujer entre tantas. Ella es la elegida, la selección de Dios para el papel única de la Madre del Salvador.

Éste, el Hijo eterno de Dios, expresión perfecta del corazón y la mente de Dios, carecía un cuerpo, necesitaba la humanidad, para poder comunicar con todo ser humano.

Dios seleccionó a María para ser su madre.

• Ella fue la primera que lo llevó en brazos, que lo besó, que lo alimentó, que lo envolvió con el abrazo del amor humano.
• Ella fue la primera que lo conoció, que se maravilló de su crecimiento, que sufrió con él decepcionado por sus amigos.
• Fue ella la que le enseño sus oraciones, y le indicó su lugar en la comunidad, en la sinagoga.


Dios seleccionó a María para que Jesús naciera, y viviera y amara y enseñara. La eligió para que su Hijo pudiera perdonar y consolar, liberar y sanar a todos los en necesidad. Para esto, el Hijo necesitaba un cuerpo: los ojos y una voz humanos; la cara y una sonrisa humanas; manos y brazos y espalda humanos con los que trabajara, cargara peso, levantar a los niños. Dios escogió a María.

Dios nos ha escogido también a nosotros, a ti y a mí.

• Para darnos cuenta de la vida que Dios comparte con nuestros hijos en Cristo, y revelársela a ellos para su bien;
• Para enseñarles el amor de Dios a través de nuestro amor, y la esperanza y fe de Dios para con ellos a través de las nuestras.
• Para protegerlos del peligro en cuanto posible, y enseñarles el camino de la vida.


Esto, los niños y jóvenes a nosotros confiados así como el niño Jesús fue confiado a María, son únicos e irrepetibles. Los momentos que pasamos con ellos, también, son únicos e irrepetibles. ¿Tendremos remordimientos por nuestros errores? Es probable que sí. Pero el perdón que sana está disponible. El poder del amor de Dios,, el poder que resucitó a Jesús de entre los muertos puede levantarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos.

El Hijo de María es Emanuel, Dios-con-nosotros, la consolación de Dios, la sabiduría y el poder de Dios, la Sonrisa y la Palabra de Dios.

Con María, debemos mantener a Cristo en el corazón, quedarnos con él mientras haya en nosotros aliento humano, y hasta que el aliento en nosotros sea el Espíritu y la vida y el amor de Dios.

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